18 OCTUBRE-21 DICIEMBRE 2014

GANADOR RAMES GUYANE 2014

Competición de cruce del Océano Atlántico a remo y en solitario en completa autonomía durante 4.700 kilómetros, en 64 días.

Lugar: Desde Dakar (Senegal) hasta las costas de Kourou (Guayana Francesa).

Salida: sábado 18 de octubre de 2014.

Recorrido: 4.700 kilómetros.

Tiempo de duración: 64 días.

64 días, 3 horas y 30 minutos atravesando a remo el Océano Atlántico a remo y en solitario, en completa autonomía. Fue una pasada. Salí el sábado 18 de octubre de 2014 a primera hora de la mañana desde Dakar en Senegal y llegué a las costas de Kourou en la Guayana Francesa sobre las 14:45 horas (hora española). En ese momento me convertí en el primer español en ganar la prueba francesa Rames Guyane.

64 días, 3 horas y 30 minutos atravesando a remo el Océano Atlántico a remo y en solitario, en completa autonomía.

Las horas anteriores a mi llegada fueron muy intensas, una corriente bloqueaba el camino antes de llegar a la costa. El resto de participantes decidieron bordearla, yo ví claro que si quería ganar, tenía que cruzarla. Estuve 24 horas remando a contra corriente sin a penas dormir. Fue una lucha contra el calor, la humedad y la falta de vientos favorables. Mereció la pena. Llegué a la costa muy cansado pero a la vez emocionado; y lo más importante, físicamente en buen estado.

Las previsiones de duración de la prueba eran inferiores. Yo había previsto llevar comida de sobra, pero hubo fuertes vientos alisios en contra los primeros días. Ante esta circunstancia, algunos de los 18 participantes decidieron quedarse varados en la orilla senegalesa ¿Yo que hice? Como soy impulsivo y creo que a una competición se va a competir, inicié mi navegación ¿Resultado? Casi termino en el Polo Sur si me descuido.

Competía sin experiencia previa en navegación, a diferencia de los restantes participantes. Mis entrenamientos fueron en el embalse de El Atazar, en la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid. El resto, tenía en tierra un “router”, una persona que estudia las corrientes del mar y las circunstancias meteorológicas, que les indicaba la dirección y el mejor camino a llevar. Yo sólo contaba con mi hermana que me enviaba pantallazos de mapas y el parte meteorológicos de vientos. Así que los primeros días todo fue prueba-error y aprender.

Competía sin experiencia previa en navegación, a diferencia de los restantes participantes. Mis entrenamientos fueron en el embalse de El Atazar, en la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid.

Mientras que al principio me encontraba alejándome de la costa sin rumbo fijo, tuve el primer disgusto. La desalinizadora, con la que potabilizaba el agua para mi uso diario, se estropeó. Si no conseguía arreglarla, me tenía que despedir de la competición. Por suerte, a través del teléfono satelital llamé a un amigo de un amigo que con sus indicaciones me ayudó a arreglarla con las piezas de la segunda desalinizadora que llevaba a bordo. Para mí fue uno de los momentos más críticos de la competición.

Para competir tenías que utilizar una embarcación con unas determinadas características: estructura insumergible y autovolcante de 8 metros de largo por 1,60 metros de ancho; con varios compartimentos estancos en el interior para dormir y guardar la comida, los equipos de seguridad y todo lo necesario para asegurar la completa autonomía de los participantes durante todos los días de la travesía. En mi caso, era de segunda mano, había sido utilizada en una edición anterior.

Con el paso de los días, los vientos alisios amainaron y conseguí enderezar el rumbo, subiendo de forma oblicua hacia la línea recta que había trazado la organización como el trayecto más recto hasta la meta. Me posicioné en tercera posición, el primero me llevaba muchos kilómetros de ventaja.

Poco a poco, fui aprendiendo trucos de navegación y conociendo mejor mi embarcación lo que me permitió mantenerme una gran parte del reto disputando la segunda y tercera posición. Hay que destacar que la mayoría de los participantes eran nacidos en la Guayana Francesa y habían crecido navegando en el mar. Yo soy de Valladolid y he crecido haciendo piragüismo en el río Pisuerga, las corrientes no son las mismas… 🙂

Fueron dos meses de soledad, en una ocasión vi un buque pesquero chino a lo lejos, les chillé y les chillé, esperando alguna respuesta, imagino que ni me vieron en la inmensidad del Océano. Yo estaba entretenido, cuando no remaba, bajaba buceando debajo de la embarcación para limpiar la parte baja en la que se quedaban adheridos diversidad de moluscos o hablaba con las pajarillos que se posaban en la embarcación o los peces que me seguían. Lamentablemente, a algunos tuve que pescarles para comer. Con el paso de los días, me di cuenta que las previsiones iniciales de duración de la expedición se alargarían y que la comida no me daría para tantos días. Llevaba un hornillo y allí cocinaba el pescado.

Al principio fue duro hacerme a la humedad del ambiente, el intenso calor y los cortos periodos de sueño.

Al principio fue duro hacerme a la humedad del ambiente, el intenso calor y los cortos periodos de sueño. Yo me adapto mejor a los ambientes fríos. En ocasiones, tenía que remar a pesar de las tormentas con relámpagos y truenos. Se formaban unas olas enormes que bandeaban completamente la embarcación y tenía que estar pendiente para no perder el rumbo.

En cierto momento, muchos de los participantes comenzaron a adelantarme, no es que los viera en la inmensidad del océano, pero en los mapas de posición quedaba claro. Fue en aquel momento cuando todos decidieron bordear la corriente que enfrentaba la costa de la Guayana Francesa y yo decidí “atajar” directamente cruzándola. Fue la mejor decisión que pude tomar. No fueron fáciles las 48 horas que luché contra ella, pero me dieron el triunfo de la prueba.

Moraleja: no todo está perdido aunque lo parezca, no hay que bajar la guardia y hay que seguir luchando hasta el final, todo tiene su recompensa.

¡A por el siguiente reto! ¡A tope!

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